Soy adicta a las series. Las veo de todos los tipos, desde "Dexter" a "Sexo en Nueva York", pasando por fundamentales como "Lost" o la recientísima "Breaking Bad". Pero aún me faltaba un clásico entre los clásicos: "Los Soprano". Así que en uno de esos tiempos muertos en que no tengo capítulo nuevo de las series que sigo (casi necesito un cronograma y todo para organizarme), decidí poner un capítulo de la vida de Tony Soprano. Y lo amé.
La verdad es que cada vez es más complicado separar el cine de las series, ya no solo por los tremendos presupuestos que se manejan, sino por la calidad del producto. De hecho, me atrevería a decir que las series tienen una ventaja sobre las películas: son capaces de desarrollar a fondo los personajes y mostrar más facetas de los mismos, ya que tienen más tiempo para ello.
En el caso de "Los Soprano", lo fundamental son los personajes y sus distintas dimensiones. Ah, y la comida. Estos italianos saben lo que es comer. Y de eso se bastante, que desde que estoy en la Argentina (tierra de inmigración italiana por excelencia) he comido más pasta que toda la familia Soprano junta. Y si no que se lo pregunten a mi báscula.





